Las tortugas, que fueron identificadas como “rezagadas” por su dificultad para nadar y hundirse al ingresar al mar, habían sido rescatadas cuando pesaban aproximadamente 40 kilogramos.
Durante su recuperación, cada ejemplar recibió un protocolo de rehabilitación individualizado para asegurar su adaptación y supervivencia.
Actualmente, los ejemplares registran pesos de 34 libras, 33 libras y 22 libras. El período de rehabilitación, que duró tres años y cuatro meses, buscó garantizar que las tortugas alcanzaran un tamaño y peso adecuados para su reintroducción segura al hábitat natural.
“Le damos este tiempo para poder liberarlas con un peso y tamaño adecuados. De esta manera tenemos la certeza de que podrán sobrevivir y desarrollarse correctamente en su entorno”, explicó el personal del Acuario Nacional.

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