Fue en el año 2004 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) declaró este día con el propósito de centrar la atención en problemáticas globales apremiantes, como el hambre y la desnutrición.
Sobre el origen de este producto, algunas teorías sugieren que su historia es tan remota que su presencia se remonta a Gondwana, el supercontinente de hace millones de años que posteriormente dio origen a África, América del Sur, Australia, India y la Antártida.
Sin embargo, a nivel agrícola, los estudios científicos apuntan principalmente a Asia, específicamente al sur de China alrededor del año 3000 A C, donde pasó de crecer de forma silvestre a ser domesticado y cultivado.
Para el dominicano, el arroz no es simplemente un alimento más, representa el eje central de su dieta diaria, su cultura, su economía y su identidad.
Si algo define al dominicano promedio, además de su alegría innata es su apego al arroz en sus distintas variedades, formando parte del día a día de la comida criolla.
Arroz blanco, moro, locrio o asopao, son solo algunos de los platos que están siempre presentes en las mesas de los nacionales.
Se estima que en el país se consumen entre 1,200,000 y 1,250,000 quintales al mes, una cifra que puede escalar hasta 1,300,000 quintales en los periodos de mayor demanda.
No obstante, esta celebración del 31 de octubre encuentra a los productores arroceros de República Dominicana en una delicada situación luego de la derogación del decreto 696-24 y la eliminación de aranceles al arroz importado desde Estados Unidos en cumplimiento con lo estipulado en el tratado DR-CAFTA.
En ese sentido, el sector arrocero dominicano y el Gobierno que encabeza el presidente Luis Abinader se encuentran en un proceso de diálogo para ver cómo los hombres que producen este cereal no se ven afectados con la entrada de arroz sin pago de arancel desde Estados Unidas.


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