La posibilidad incluso ha sido planteada públicamente por dirigentes medios, bajo el entendido de que un acuerdo permitiría mejorar la posición del PLD, limitar las aspiraciones de la Fuerza del Pueblo en determinadas demarcaciones y, eventualmente, podría incidir en el resultado presidencial en caso de que se requiera una segunda vuelta.
El punto es que, para concretarse una alianza de esa naturaleza, el PLD tendría que tirar por el suelo buena parte de lo que ha hecho y dicho sobre el PRM desde que esta organización asumió el poder en 2020.
La oposición del PLD al PRM
Primero, fue precisamente a manos del PRM que el PLD perdió el poder que mantuvo durante 16 años ininterrumpidos.
Luego vino uno de los episodios que más ha marcado las relaciones entre ambas organizaciones. El PLD acusó reiteradamente al PRM de judicializar la política a raíz de los procesos por corrupción impulsados por el Ministerio Público y que involucraron a familiares del expresidente Danilo Medina, antiguos funcionarios de sus gobiernos y dirigentes de esa organización.
El PLD también tendría que tragarse las decenas de declaraciones contra la gestión del PRM formuladas prácticamente cada semana desde su Casa Nacional.
De hecho, desde que pasó a la oposición, el partido morado ha mantenido posiblemente la línea crítica más ácida y consistente contra el Gobierno entre los partidos opositores.
A eso habría que sumar las posiciones de sus legisladores, dirigentes provinciales y principales figuras políticas.
Pero si algo demuestra la historia política dominicana es que lo que hoy parece imposible, mañana puede terminar en una fotografía con las manos levantadas.
Antecedentes dicen que es posible
Diferir políticamente, no ha impedido que organizaciones antagonistas terminen aliadas cuando las circunstancias electorales así lo aconsejan.
Uno de los ejemplos más conocidos ocurrió en 1996. En la segunda vuelta electoral, Joaquín Balaguer y el Partido Reformista Social Cristiano respaldaron al todavía joven Leonel Fernández y al PLD frente a José Francisco Peña Gómez y el PRD, en el denominado Frente Patriótico.
Juan Bosch terminó respaldando también la fórmula peledeísta (sacado del retiro).
Bosch y Balaguer habían sido, al menos públicamente —hay quienes manejan otras interpretaciones históricas—, adversarios políticos durante décadas, particularmente desde los acontecimientos posteriores al ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo, el golpe de Estado de 1963, la Revolución de Abril de 1965 y los años de gobiernos de Balaguer.
Después de 1996, el propio PRSC también llegó a pactar electoralmente con el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), demostrando nuevamente que las diferencias ideológicas e históricas no necesariamente sobreviven a las necesidades electorales.
Para las elecciones de 2016 ocurrió otro hecho que años antes habría parecido impensable: el PRD, ya considerablemente disminuido electoralmente, acudió aliado al PLD.
Es decir, el partido del que había salido Juan Bosch para fundar el PLD en 1973 terminó apoyando décadas después al partido nacido precisamente de aquella ruptura.
Más recientemente ocurrió algo parecido. Para las elecciones de 2020, la Fuerza del Pueblo, recién salida de una traumática división del PLD, estableció acuerdos electorales parciales con el PRM que contribuyeron a modificar la correlación de fuerzas, especialmente en el Senado.
Y cuatro años después, para las elecciones de 2024, el PLD y la Fuerza del Pueblo volvieron a encontrarse en acuerdos parciales dentro de la denominada Alianza Opositora Rescate RD, pese a la profundidad de la ruptura de 2019.
Por eso, aunque la inclinación natural del PLD pudiera parecer más cercana a la Fuerza del Pueblo, aparentemente un sector de la organización que preside Danilo Medina todavía no sana las heridas provocadas por aquella división.
De momento, el PLD insiste en que concurrirá con candidatura propia a las elecciones de 2028. Sin embargo, todavía enfrenta contradicciones internas sobre la ruta para llegar hasta allí y acaba de suspender la consulta con la que pretendía identificar anticipadamente una candidatura presidencial con suficiente respaldo antes del período legal de precampaña.
Así las cosas, una alianza PRM-PLD podría parecer contradictoria. Pero imposible, a juzgar por la historia política dominicana, definitivamente no lo es.

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