A través de un comunicado oficial, la diócesis explicó que la medida fue adoptada como parte del protocolo establecido para estos casos, con el fin de garantizar un proceso de investigación justo y transparente. Durante este tiempo, se brindará acompañamiento espiritual y apoyo psicológico a las presuntas víctimas, así como la debida orientación sobre los pasos legales y pastorales que deben seguirse ante una situación de esta naturaleza.
La institución eclesiástica reiteró su disposición plena a colaborar con las autoridades correspondientes, subrayando que no tolerará ninguna forma de encubrimiento ante denuncias de esta gravedad.
En el comunicado, la Diócesis explicó que la decisión busca garantizar la transparencia y la justicia:
Según la denuncia, presentada recientemente, dos hermanas alegan haber sido víctimas de abuso sexual por parte del sacerdote cuando eran menores de edad, hechos que habrían ocurrido en el municipio de Santiago Rodríguez, donde la familia había depositado su confianza en el entonces guía espiritual.
El comunicado finaliza citando al fallecido Papa Francisco, quien fue enfático en su postura frente a estos casos:
“En la Iglesia no hay lugar para el abuso ni para encubrirlo.”
Sobre lo que se denuncia:
En un trabajo hecho por la periodista Alicia Ortega, presentado en su espacio, El Informe, las víctimas, quienes prefirieron mantener su identidad anónima, narraron cómo fueron sometidas a tocamientos y agresiones durante años.
Denunciaron el silencio y la falta de apoyo de sus familias y de la Iglesia.
La mayor de ellas, a quien el medio llamó «María» (nombre falso), comentó que el susodicho agresor era alguien recurrente en la familia y siempre fue muy cariñoso con ella. A medida que fue creciendo, confiesa, el sacerdote le ponía la mano en sus senos, alegando que esto no era nada malo.
A medida que los acercamientos y toques pasaron, María dice que dejó de sentirse normal y cambió su dinámica por completo.
Yo no salía con mis amiguitas porque honestamente él siempre tenía una. Vamos conmigo pa tal misa, vamos conmigo, pa tal sitio. Entonces ya yo dejé de tener una vida normal de adolescente porque siempre estaba cerca de esa persona.
Posteriormente, con el tiempo, los toques se volvieron más íntimos y de contacto directamente sexual, como penetración y sexo oral, según comenta la víctima. Así hasta que ya al ser mayor, ella se negó
Para yo alejarme de él, empecé a decirle que no, que yo no quería que él viniera. Empecé a decirle que no lo iba a visitar y entonces ahí empezaron las amenazas. Él empezó a decirme que por mi culpa él se iba a quitar la vida, que yo iba a ser la responsable de cualquier cosa que a él le pasara.
Y de un día, de un impulso, yo llamé a mi mamá por el teléfono porque yo vivía aquí en Santiago y ella vivía allá en el campo y se lo dije. Le dije de sus amenazas.

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