La ceremonia reunió a familiares, amigos y fanáticos que acudieron a rendir homenaje a una figura esencial en la historia de la salsa. El entierro se realizó en privado, reservado para los más cercanos.
Uno de los momentos más emotivos fue la despedida de los músicos de calle a “El Malo”. La convocatoria pública invitó a todos los trombonistas de Nueva York a llevar su instrumento y rendir tributo al maestro a la salida del féretro. El sonido de los metales acompañó el último adiós, en un gesto que reflejó la huella que Colón dejó en la ciudad y en la música latina.
Willie Colón, símbolo de la salsa dura y voz crítica de su tiempo, se marcha dejando un legado que trasciende generaciones. Nueva York lo despidió con música, como él mismo enseñó que debía vivirse la vida.

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