Los participantes exigen que los hermanos Antonio y Maribel Espaillat sean procesados por homicidio voluntario, en lugar de homicidio involuntario como figura en el expediente. La presión ocurre a 13 meses del desplome de la discoteca Jet Set, tragedia que dejó decenas de muertos y heridos mientras el merenguero Rubby Pérez amenizaba una fiesta.
El recorrido mantiene viva la indignación de familiares y sobrevivientes, que acusan al sistema judicial de favorecer a los imputados. La marcha se convierte en un pulso abierto: cada paso hacia el Palacio aumenta la tensión sobre un proceso que sigue bajo cuestionamiento.

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