Para miles de familias dominicanas, tener un techo propio continúa siendo una de las principales metas personales y financieras.
Detrás de la búsqueda de un apartamento también comienzan a aparecer otras preguntas: cuánto cuesta construir, cuánto cubren realmente los ingresos y qué tan cerca está la posibilidad de acceder a una vivienda.
La escena podría repetirse en cualquier cafetería, oficina o hogar del Gran Santo Domingo. Para miles de familias dominicanas, tener un techo propio continúa siendo una de las principales metas personales y financieras.
Sin embargo, detrás de la búsqueda de un apartamento también comienzan a aparecer otras preguntas: cuánto cuesta construir, cuánto cubren realmente los ingresos y qué tan cerca está la posibilidad de acceder a una vivienda.
El Índice de Costos Directos de la Construcción de Viviendas (ICDV), publicado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), registró una variación mensual de 0.19 % en mayo de 2026, impulsada principalmente por materiales y componentes utilizados en edificaciones.
Detrás del porcentaje aparecen aumentos en elementos presentes en gran parte de los proyectos habitacionales. Las tuberías y piezas PVC registraron una variación de 9.51 %, los combustibles 3.49 %, los subcontratos de terminaciones 2.33 % y los accesorios eléctricos 2.24 %.
Los materiales y herramientas encabezaron las mayores presiones registradas durante el período.
Las diferencias también aparecieron según el tipo de construcción. Las viviendas multifamiliares de cuatro niveles presentaron la mayor variación mensual con 0.27 %, seguidas por las multifamiliares de ocho niveles o más con 0.20 %.
Las viviendas unifamiliares de dos niveles registraron 0.17 %, mientras las de un nivel alcanzaron 0.10 %.
Sin embargo, el indicador tiene una precisión importante: no mide el precio final de una vivienda para el comprador.
El ICDV refleja únicamente costos directos de construcción y excluye otros factores que también forman parte del valor final de una propiedad, como terrenos, permisos, gastos financieros y beneficios empresariales.
Pero los costos de construcción no son la única variable que entra en la ecuación.
El Ministerio de Trabajo informó que desde febrero de 2026 entró en vigor la segunda fase del aumento salarial para trabajadores de micro, pequeñas, medianas y grandes empresas, elevando el salario mínimo entre RD$16,993.20 y RD$29,988 mensuales y beneficiando a alrededor de 1.4 millones de trabajadores.
Al mismo tiempo, programas como el Bono de Vivienda de Bajo Costo buscan facilitar el acceso a compradores mediante incentivos para reducir parte del inicial o del financiamiento. Las viviendas de bajo costo mantienen un valor máximo establecido por ley que supera los RD$5.4 millones.
Sin embargo, más allá de indicadores y porcentajes, la realidad también puede verse desde la perspectiva de los ingresos. Para una familia cuyo principal sostén económico perciba un salario mínimo, la posibilidad de adquirir una vivienda puede convertirse en una cadena de cálculos constantes.
Si una vivienda de bajo costo puede superar los RD$5.4 millones, la meta no parece limitarse únicamente a encontrar un proyecto disponible o acceder a un bono estatal; también implica reunir el inicial, asumir una cuota mensual y sostener alimentación, transporte, servicios y otros gastos del hogar.
Traducido a términos cotidianos, el resultado del informe parece ir más allá de una variación mensual de 0.19 %. El dato no habla únicamente de materiales o construcción; también plantea una pregunta que podría repetirse en muchos hogares dominicanos: mientras cambian los costos asociados a construir y adquirir una vivienda, ¿qué tan cerca o lejos se encuentra realmente la posibilidad de tener un techo propio?

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